Agosto de 2024. Estoy en Puerto Colón, mirando cómo una pareja de alemanes intenta subirse a una moto de agua sin acabar en el océano. Ella grita, él se ríe, el instructor pone los ojos en blanco. Diez minutos después, desaparecen entre las olas rumbo a algún punto de la costa sur de Tenerife. Me pregunto cuántos de estos turistas realmente saben lo que están haciendo o si simplemente confían en que una Yamaha y un chaleco salvavidas les salvarán la vida.

Vkratce: Si nunca has montado en moto de agua, Puerto Colón es tu sitio porque las aguas aquí son más tranquilas que la piscina de tu hotel. La ruta de una hora hasta La Caleta es la más equilibrada para empezar. Lleva DNI o pasaporte (sin esto no te suben). Un día completo te puede costar entre 60 y 120 euros dependiendo de si vas solo o acompañado. Y un consejo: reserva online con antelación o te quedarás viendo cómo otros se divierten mientras tú esperas en la lista de espera.

¿Por qué Puerto Colón es el lugar ideal para tu primera vez en moto de agua?

Puerto Colón está clavado en medio de Costa Adeje, esa zona del sur de Tenerife donde los británicos van a ponerse rojos como langostinos y los alemanes a ocupar tumbonas desde las 6 de la mañana. Llegas desde cualquier hotel de la zona en diez minutos andando por el paseo marítimo. Nada de expediciones africanas ni autobuses que tardan una vida.

Lo que hace a este puerto soportable para novatos es que el agua aquí no está loca. Nada de olas de dos metros ni corrientes que te arrastren hacia Marruecos. El Atlántico en esta zona se comporta como un perro domado, al menos en verano. Las empresas de alquiler lo saben y por eso montan aquí sus chiringuitos. Hay una docena de compañías compitiendo por tu dinero, todas ofreciendo básicamente lo mismo con nombres diferentes.

Antes de dejarte tocar el acelerador, te obligan a sentarte a escuchar el rollo de seguridad. Un instructor con acento canario te explica en spanglish cómo no matarte: no sueltes el manillar, mantén distancia con el de delante, señales con la mano si te pasa algo. Lo repite tres veces porque siempre hay alguien que no se entera. Luego te ponen un chaleco salvavidas que huele a sudor ajeno y sal, y rezan para que vuelvas en una pieza. Todo el grupo va seguido por una lancha con un tipo que parece aburrido de rescatar turistas despistados.

Las mejores rutas para principiantes desde Puerto Colón: elige tu aventura

El catálogo de rutas es limitado. No estamos hablando de expediciones épicas sino de paseos controlados por la costa. Básicamente tienes tres opciones que se diferencian en cuánto tiempo quieres estar sentado sobre una Yamaha vibrando.

La ruta corta de 40 minutos es para los indecisos. Los que no saben si esto les va a gustar o los que tienen miedo de admitir que tienen miedo. Sales del puerto, bordeas la costa hacia el sur, llegas hasta La Caleta donde hay una playa que llaman "de los hippies" porque en los años 70 hubo cuatro melenudos viviendo en cuevas, y vuelves. Apenas te da tiempo a cogerle el punto al acelerador cuando ya te están indicando que des la vuelta. Es el aperitivo, no la comida.

El safari de una hora es el que todo el mundo elige. Una hora da para todo: para superar el miedo inicial, para acelerar un poco sin que el instructor te grite, para hacer alguna foto decente y para no acabar con el trasero machacado. Te llevan por Palm Mar donde hay una cueva que llaman así porque alguien decidió que sonaba exótico, pasas por El Puertito donde si tienes suerte ves tortugas, y terminas en La Caleta. Es la opción equilibrada, la que reservan las familias y las parejas que quieren contentar a ambos.

Y luego está la ruta a Playa Paraíso, que algunos marcan como el recorrido más ambicioso para principiantes. No es que sea complicada, pero te alejas más del puerto y eso psicológicamente pesa. La costa cambia, ves acantilados, calas escondidas, algún resort de lujo asomándose. Es un viaje de ida y vuelta a un destino concreto, no solo dar vueltas sin sentido. Me gusta más este concepto, aunque dudo que la mayoría de turistas aprecien la diferencia.

Preparación, seguridad y requisitos: todo lo que necesitas saber antes de salir

La pregunta que todo el mundo hace: ¿necesito licencia? No. Para estos tours guiados no te piden titulín náutico ni nada parecido. Simplemente te subes, intentas no estrellarte contra nadie y sigues al guía como un patito detrás de su madre. Si tuvieras que sacarte una licencia, la mitad de estos negocios quebrarían en un mes.

El briefing de seguridad dura más de lo que crees. Te explican cómo arrancar la moto, cómo acelerar, cómo frenar (spoiler: sueltas el acelerador y la física hace el resto), qué hacer si te caes al agua, qué señales usa el guía. "Si levanto el brazo así, paráis todos. Si lo muevo así, me seguís. Si me tiro al agua gritando, es que algo va mal." Todo muy profesional hasta que ves a la gente olvidarse de todo en cuanto pisan el acelerador.

La lancha del instructor os persigue durante todo el recorrido. Es vuestra red de seguridad, vuestro ángel guardián motorizado. Si alguien se queda atrás, si una moto se cala, si algún genio decide hacer piruetas, ahí está el tipo para resolver el desastre. En teoría da tranquilidad. En la práctica, te recuerda que eres un principiante rodeado de principiantes y que el caos es una posibilidad real.

Edad mínima: 16 años para conducir solo, 18 si llevas pasajero. Los niños menores de 9 años ni se plantean subirlos. Embarazadas, prohibido. Personas de más de 140 kilos, también fuera. Las aseguradoras tienen sus límites y las empresas no quieren líos. Todo viene en la letra pequeña que nadie lee hasta que llega al puerto y le dicen que no puede subir.

¿Qué incluye el precio? La moto de agua (siempre Yamaha, porque son las que aguantan el maltrato turístico), el chaleco salvavidas que ya te dije que huele raro, el guía sufrido, y un seguro que esperas no tener que usar nunca. Ah, y las instrucciones de seguridad que tampoco escuchas. Lo que NO incluye son las fotos. Esas te las cobran aparte, 20 euros por un pendrive con imágenes borrosas de ti gritando sobre las olas.

Cómo reservar tu aventura en moto de agua y cuánto cuesta

Reservar es fácil porque internet ha llegado hasta aquí. GetYourGuide, Yumping, las webs de siempre donde comparas precios y lees reseñas de gente quejándose o poniendo cinco estrellas porque no se ahogaron. Las tres plataformas te muestran básicamente las mismas empresas con nombres como "Radikal Jet Ski" o "Jet Ski Island Tenerife", todos con fotos de gente sonriendo en motos de agua bajo un sol perfecto que probablemente nunca existió.

También puedes ir directamente a la web de las compañías locales. A veces tienen ofertas que los agregadores no publican, a veces no. La ventaja de los agregadores es que puedes leer las opiniones recientes y saber si la empresa sigue siendo medio decente o si ahora es un desastre. Las webs propias solo te muestran las cinco estrellas y las fotos de modelos que nunca montaron en moto de agua.

Precios. La ruta de 40 minutos ronda los 60-70 euros si vas solo en la moto. Si vais dos, unos 80-90 euros en total, así que sale más barato por cabeza. La de una hora sube a 90-100 euros individual, 110-130 biplaza. No es barato, pero estamos en una zona turística de Tenerife donde hasta un bocadillo mediocre te cuesta 8 euros. Las rutas más largas o hacia Playa Paraíso pueden tocar los 120-150 euros. Todo depende de la temporada y de cuánta demanda haya ese día.

Consejo práctico que nadie te da: reserva con días de antelación si vienes en julio, agosto o durante las navidades. En temporada alta, los horarios buenos se llenan rápido y acabas con el slot de las 8 de la mañana cuando todavía tienes resaca del buffet del hotel. Revisa también la política de cancelación por mal tiempo. La mayoría te dejan cambiar la fecha si el océano se pone bravo, pero algunas empresas son menos flexibles y tu dinero desaparece como tus esperanzas de diversión.

¿Cómo llegar a Puerto Colón y dónde aparcar?

Puerto Colón, Costa Adeje, Santa Cruz de Tenerife. El punto de encuentro suele ser el pantalán número 4, que es donde están montadas la mayoría de bases de motos de agua. Si metes esa dirección en Google Maps, llegas. Si usas GPS, las coordenadas exactas te evitan acabar en el parking de algún hotel equivocado.

En coche llegas por la autopista TF-1, la gran arteria del sur que conecta el aeropuerto con todos los resorts turísticos. Sales en Costa Adeje, sigues las indicaciones hacia el puerto, y rezas para encontrar sitio donde aparcar. Hay un parking de pago justo en el puerto, cómodo pero caro como todo lo que está a pie de mar. Si tienes paciencia y llegas temprano, encuentras plazas gratis en las calles cercanas, aunque tendrás que caminar diez minutos bajo el sol.

El transporte público existe. La empresa TITSA tiene varias líneas de guaguas (autobuses, para los que no hablan canario) que paran cerca de Costa Adeje y Puerto Colón. Es la opción más barata si no tienes coche de alquiler, aunque los horarios son lo que son y acabarás esperando bajo el sol más tiempo del que te gustaría.

Si tu hotel está en Costa Adeje, Playa de las Américas o Los Cristianos, puedes ir andando por el paseo marítimo. Es un paseo agradable si hace buen tiempo, un infierno si hace viento o demasiado calor. Calcula media hora desde Los Cristianos, menos desde Costa Adeje. Llegas sudando, pero al menos no has tenido que pagar parking.

El taxi es la opción de los perezosos o los que tienen dinero de sobra. Desde cualquier punto del sur de la isla, llegas en taxi sin complicaciones. Eso sí, prepárate para pagar 15-30 euros dependiendo de dónde salgas. Los taxistas conocen el puerto de memoria, llevan turistas ahí todos los días.

¿Qué hacer cerca de Puerto Colón antes o después del safari acuático?

Si llegas pronto o te sobra tiempo después de la moto de agua, hay opciones para matar el tiempo sin alejarte demasiado. Las playas cercanas son lo obvio: Playa de Fañabé y Playa de Torviscas están a un paseo, llenas de gente, sombrillas y ese ambiente de playa turística donde todos los chiringuitos venden lo mismo. Playa del Duque está un poco más allá, es más pija, con arena más clara y menos griterío. Si buscas algo menos masificado, mala suerte, estás en Costa Adeje.

Comer cerca del puerto es fácil pero predecible. Tienes chiringuitos de playa donde te clavan 12 euros por una ensalada triste y una cerveza caliente. Tienes restaurantes en el mismo puerto especializados en pescado fresco y marisco, algunos decentes, otros sobrevalorados. Y tienes locales de comida canaria en la zona, donde al menos la papa arrugada y el mojo están en su salsa. Los precios suben cuanto más cerca del agua estés, es la ley no escrita de cualquier puerto turístico.

Puerto Colón es también el punto de partida para otras excursiones marítimas. Si las motos de agua no te llenan, tienes tours para ver ballenas y delfines, barcos de alquiler para sentirte capitán por un día, parasailing para gritar a 50 metros de altura. Es un hub de actividades acuáticas donde alguien siempre está intentando venderte algo. A veces da la sensación de que todo el puerto es un gran centro comercial flotante.

El paseo marítimo es bonito si te gustan los paseos sin propósito. Hay tiendas de souvenirs vendiendo las mismas conchas pintadas y camisetas horribles, y algún centro comercial cerca donde puedes refugiarte del sol y gastar dinero en cosas que no necesitas. Es entretenimiento light, el que consumes cuando ya no sabes qué hacer con tu tiempo.

Consejos prácticos para tu día perfecto en el mar

Checklist mental para no olvidar nada: bañador puesto debajo de la ropa, toalla en la mochila, DNI o pasaporte en mano porque sin identificación no te dejan subir a nada. Crema solar con factor alto o acabarás como esos turistas rojos que parecen langostinos cocidos. Botella de agua porque la sal del mar te deja la boca como papel de lija. Y si tienes un funda impermeable para el móvil o una GoPro, tráela, aunque las posibilidades de que se caiga al océano son reales.

Lo que NO debes llevar: el móvil sin protección, joyas, relojes caros, documentos importantes que no sean el DNI, dinero en efectivo más allá de lo justo. Las bases tienen taquillas para guardar cosas, pero si eres paranoico como yo, mejor dejas todo eso en el hotel. He visto gente preocuparse más por su iPhone que por no caerse de la moto de agua.

¿Mejor época para hacer esto? Tenerife tiene buen tiempo todo el año, pero en verano (junio a septiembre) el agua está más caliente y las probabilidades de que te cancelen por mal tiempo son bajas. En invierno el océano se pone más bravo, hace más fresco, pero los tours siguen funcionando. Enero y febrero pueden ser un poco lotería: un día perfecto, al siguiente viento y olas que hacen cancelar todo. La primavera y el otoño son el punto medio sensato.

Fotos y vídeos: tienes dos caminos. Pagas los 20 euros al instructor para que te venda las fotos que él hace desde la lancha, cómodas pero básicas y probablemente sobreexpuestas. O te llevas tu propia GoPro con un buen sistema de sujeción al casco o al chaleco, y ruedas tu propia película de acción. Lo segundo es más barato a largo plazo pero requiere equipo y saber usarlo sin perderlo en el Atlántico.

Seguro de viaje: si eres de los que viajan por libre, comprueba que tu seguro cubra deportes acuáticos. No todos lo hacen. Las motos de agua entran en esa categoría gris donde algunas aseguradoras te dirán que sí, otras que no, y otras que depende. Leer la letra pequeña antes de salir de casa te puede ahorrar disgustos si algo sale mal y necesitas atención médica.

Conclusión: Tu aventura en el océano Atlántico te está esperando

Puerto Colón tiene todo montado para que los principiantes no se maten en su primera experiencia con una moto de agua. Aguas relativamente tranquilas, rutas cortas y controladas, instructores que han visto de todo y empresas que saben cómo exprimir al turista sin asustarle demasiado. No es la gran aventura salvaje, pero tampoco pretende serlo. Es turismo de actividades, empaquetado, seguro y predecible.

Ver Tenerife desde el mar tiene su punto. La costa sur desde una Yamaha a 50 km/h no es lo mismo que verla desde la tumbona del hotel. El viento en la cara, el agua salpicando, la sensación de velocidad aunque en realidad no vayas tan rápido como crees. Durante una hora te olvidas de que estás en un resort turístico y sientes algo parecido a la libertad, aunque sea una libertad vigilada por un instructor en una lancha.

Si llevas días tumbado en la piscina del hotel viendo cómo otros hacen cosas, quizá es el momento de dejar de ser espectador. Reserva tu hora, preséntate en el pantalán número 4, ponte el chaleco que huele raro y acelera hacia algún punto de la costa que probablemente olvidarás en dos semanas. Al menos tendrás fotos borrosas y una historia que contar en la cena, que es más de lo que tienen los que se quedaron en la tumbona.