Estoy sentado en el paseo marítimo de Las Galletas, mirando cómo los tipos en motos de agua arrancan desde el puerto dejando estelas blancas en el agua azul. El sol me está asando la nuca y pienso: ¿de verdad necesito subirme a una de esas cosas? La respuesta, después de probarlo, es complicada. No es lo que esperaba, ni para bien ni para mal. Es otra cosa.
Vkratce: si vas a hacer esto, la ruta de 2 horas hacia Los Cristianos es la que vale la pena (aunque son 170€ para dos personas). Lleva protector solar resistente al agua o acabarás como langosta. El presupuesto ronda los 150-200€ por persona contando la excursión, comida y alguna cerveza después. Y el consejo: pregunta ANTES cuánto cuestan las fotos, porque te van a cobrar 20€ extra en el momento menos esperado.
¿Qué es exactamente un safari en moto de agua desde Las Galletas?
Me pasé media hora tratando de entender qué diablos era un "safari" en moto de agua. Resulta que no es alquilar una moto y salir a hacer el idiota dando saltos sobre las olas. Es una excursión guiada donde sigues a un tipo con chaleco reflectante que te lleva por la costa mientras tú intentas no quedarte demasiado atrás ni embestir a tu compañero de delante.
La palabra "safari" suena grandilocuente para lo que es: un paseo tranquilo en el que el 80% del tiempo vas mirando acantilados y el 20% rogando para ver algún delfín. No es extremo. No es adrenalina pura. Es más bien turismo motorizado sobre el agua. Para los que esperan velocidad tipo Fast & Furious, van a decepcionarse. Para los que quieren ver la costa desde un ángulo diferente sin matarse en el intento, funciona.
Lo bueno es que no necesitas licencia. Ni permiso. Ni experiencia. Solo seguir al guía y no hacer tonterías. Me sorprendió esto, porque en mi cabeza necesitabas algún tipo de certificado para manejar un trasto que alcanza 80 km/h sobre el agua. Pero no. Te dan un briefing de cinco minutos, te ponen un chaleco salvavidas y ya está. Bienvenido al show.
Van muchas parejas. También grupos de amigos que quieren fotos para Instagram. Y familias, aunque los niños tienen que ser mayores de cierta edad para conducir. La moto puede ser individual o doble, y créeme, si vas con tu pareja, uno de los dos va a acabar culpando al otro de ir demasiado lento o demasiado rápido.
¿Por qué Las Galletas es el punto de partida ideal?
Las Galletas no es Costa Adeje. No es Los Cristianos. Es un pueblo de pescadores que aún huele a pescado de verdad, no a protector solar de turista. Está en el sur, sí, pero lo suficientemente alejado del circo de Las Américas como para mantener algo de autenticidad. Aunque eso está cambiando rápido.
Desde el puerto de Las Galletas sales directo al océano sin tener que esquivar bañistas ni motos de banana. La costa aquí es volcánica, áspera, con acantilados negros que parecen sacados de una película de ciencia ficción. Hay cuevas que solo ves desde el agua y calas escondidas donde, si tienes suerte, el guía te deja parar cinco minutos para nadar.
La ubicación es estratégica. Hacia el oeste tienes el Faro de Rasca y Palm-Mar. Hacia el este, la Montaña Amarilla. Y si vas más lejos, llegas hasta Los Cristianos. Todo depende de cuánto tiempo contrates y de cómo esté el mar ese día. Porque aquí el océano manda, no el folleto turístico.
El pueblo en sí no tiene mucho glamour. Hay un paseo marítimo con bares de toda la vida, un puerto donde atracan barcas de pesca, y un mercado de pescado que abre cuando le da la gana. Pero precisamente por eso funciona como base. No estás en una burbuja turística. Estás en un sitio real, con gente real, y eso se agradece después de dar vueltas en moto por el mar durante dos horas.
Elige tu aventura: ¿Tour de 1 hora o de 2 horas?
La hora es una cata. Un aperitivo. Sales, ves un par de acantilados, das la vuelta y vuelves. Son 90 euros si vas solo, 110 si sois dos en la misma moto. Está bien si tienes presupuesto ajustado o si no estás seguro de si esto es lo tuyo. Pero a mí me supo a poco. Justo cuando empiezas a sentirte cómodo con la moto, el guía te hace señas de que hay que regresar.
Dependiendo del estado del mar, te llevan hacia el Faro de Rasca y Palm-Mar, o hacia la Montaña Amarilla y la Montaña Roja. El problema es que con una hora apenas tienes tiempo de asimilar lo que ves. Es todo muy rápido. Haces fotos mentales porque no te da tiempo ni a sacar el móvil (que, por cierto, mejor dejarlo en tierra si no tienes una funda sumergible de verdad).
Las dos horas son otra historia. Cuesta 150 euros solo, 170 para dos. Aquí ya recorres desde Las Galletas hasta Los Cristianos, pasando por Punta de Rasca. Ves más costa, más acantilados, más cuevas. Y si hay suerte, delfines. Yo no los vi. Pero el guía insistió en que "normalmente hay". Ya.
En la ruta larga hay tiempo para parar en alguna cala, apagar el motor y tirarte al agua. Esos diez minutos de silencio, flotando en medio del Atlántico mientras las motos están ancladas, son lo mejor de toda la excursión. El resto es ruido de motor y spray de agua en la cara. En días despejados, dicen que ves el Teide desde el mar. Yo lo vi, pero no me pareció gran cosa. Es una montaña a lo lejos. Impresionante desde tierra, mediocre desde el agua.
| Duración | Ruta principal | Precio (2 personas) |
| 1 hora | Faro de Rasca / Montaña Amarilla | 110€ |
| 2 horas | Hasta Los Cristianos y Las Américas | 170€ |
Las joyas de la costa sur: ¿Qué verás en tu ruta?
La Montaña Amarilla es un cono volcánico que parece pintado con acuarela ocre. Desde la moto de agua la ves imponente, sobre todo si el sol le da de lado. Es monumento natural, lo cual significa que no puedes pisarla pero sí bordearla. Los de snorkel vienen aquí porque el agua está llena de peces. Desde la moto solo ves rocas amarillas y turistas en la orilla con aletas puestas.
El Faro de Rasca está en medio de la nada. Bueno, en medio de un paisaje lunar protegido llamado Malpaís de la Rasca. Es una reserva natural, así que todo lo que ves alrededor del faro es roca negra, sin un árbol, sin una brizna de hierba. El faro en sí es blanco y parece sacado de una postal antigua. Desde el agua lo ves pequeño, solitario, como un juguete olvidado en un páramo.
Los acantilados son la parte más interesante. Paredes verticales de roca volcánica que caen al mar. Algunas tienen cuevas que entran quién sabe cuántos metros. El guía te lleva cerca de una que llaman "la cueva de las palomas". No vimos palomas. Vimos oscuridad y un agujero que daba algo de respeto. Desde tierra no tienes acceso a estas cuevas. Es el único aliciente real de la excursión: ver lo que otros no pueden ver.
Cuando llegas a la altura de Palm-Mar, Los Cristianos y Las Américas, el paisaje cambia. De pronto hay playas, hoteles, gente. Es raro ver la ciudad turística desde el agua. Los edificios parecen más pequeños, menos amenazantes. Las playas están llenas de gente que se ve como puntitos de colores. Hay algo melancólico en observar el caos turístico desde la distancia, con el motor de la moto rugiendo bajo tus piernas.
Sobre la vida marina: el guía me dijo que hay delfines, tortugas y aves marinas. Yo vi gaviotas. Y agua. Mucha agua. Supongo que la probabilidad de ver algo depende del día, la hora, la suerte y las ganas del universo de regalarte un momento Instagram. No cuentes con ello.
Cómo reservar tu safari en jet ski: Precios, empresas y qué incluye
Hay dos empresas que dominan esto desde Las Galletas: Flash Jet Ski y Ocean Friends. Las probé a las dos. Flash tiene mejor rollo en el trato, Ocean Friends tiene mejores motos. Pero al final es lo mismo: te subes, sigues al guía, te mojas, vuelves. No hay mucha ciencia.
Los precios rondan los 90 euros por persona para una hora si vas solo, 110 si sois dos en la misma moto. Para dos horas, 150 euros individual, 170 en pareja. Esos precios son por moto, no por cabeza. Importante saberlo antes de empezar a hacer cuentas y llevarte un disgusto al pagar.
En teoría incluye todo: la moto, el combustible, el chaleco salvavidas, el seguro de responsabilidad civil, el guía y el briefing. Algunas empresas como Flash ofrecen transfer gratuito desde tu hotel, lo cual está bien si te alojas en Los Cristianos o Las Américas. Pero ojo con las letras pequeñas. El combustible está incluido, sí, pero si te pasas de revoluciones o haces el tonto, igual te cobran extra. Nunca me pasó, pero he oído historias.
Las fotos y vídeos no están incluidos. Esto lo descubres cuando terminas la excursión y el guía te enseña un pendrive con imágenes tuyas en la moto. Son 20 euros. Siempre 20 euros. No importa cuántas fotos haya. Es el precio fijo por llevarte el recuerdo digital. A mí me pareció un robo, pero pagué igual porque si no lo haces, te quedas sin prueba de que estuviste ahí. Y luego nadie te cree.
Para reservar, mejor online con unos días de antelación. En temporada alta (julio, agosto) se llena rápido. Si llegas y quieres reservar el mismo día, puedes probar suerte por WhatsApp. Muchos responden rápido, aunque no garantizan nada. Yo reservé dos días antes por la web de Flash y todo fue fluido. Confirmación por email, ubicación del puerto, hora exacta. Sin dramas.
Preparativos para el día de la excursión: consejos prácticos
Llegas al puerto con tu bañador puesto. Suena obvio, pero vi a un tipo cambiándose en el coche porque se le había olvidado. Protector solar resistente al agua es obligatorio. Yo me puse factor 50 y aun así acabé con las orejas rojas. El spray de agua salada y el sol del sur de Tenerife son una combinación brutal.
Gafas de sol con cordón. Las gafas normales se vuelan en cuanto aceleras un poco. Las mías acabaron en el fondo del Atlántico en los primeros diez minutos. Aprendí la lección. También lleva una toalla y ropa seca para después, porque vas a salir empapado. No hay forma de mantenerse seco en una moto de agua, por mucho que te lo prometan.
No lleves el móvil. O llévalo en una funda estanca de esas que de verdad funcionan, no las de tres euros de Amazon. Yo dejé el mío en una taquilla que te dan gratis. También puedes dejar la cartera, las llaves del coche, y cualquier cosa que no quieras perder en el océano. Hay un sitio seguro, aunque la palabra "seguro" en un puerto pesquero es relativa.
Te piden saber nadar. Lógico. Si no sabes nadar y te caes al agua (que no es común, pero pasa), tienes un problema. La edad mínima para conducir suele ser 16 o 18 años, depende de la empresa. Para ir de pasajero, unos 8 o 10 años. Pero mejor confirmarlo al reservar, porque cada uno tiene sus normas y no quieres llevarte al niño y que te lo rechacen en el puerto.
El briefing antes de salir dura cinco minutos. Te explican cómo arrancar, cómo frenar, cómo girar, y lo más importante: mantener la distancia con el de delante. Luego te dicen que sigas al guía. Siempre. No te adelantes, no te quedes atrás, no hagas el tonto. Es más serio de lo que parece. El mar no perdona despistes.
La mejor época es de abril a octubre. Aunque técnicamente puedes hacerlo todo el año porque aquí no hace frío ni en invierno, el mar está más calmado en primavera y otoño. En verano hay más gente y más olas. En invierno, más viento. Yo fui en mayo y estuvo perfecto. Agua templada, cielo azul, nada de masificación.
Más allá de la moto de agua: Explora el pueblo de Las Galletas
Cuando terminas la excursión y devuelves la moto, te quedas ahí, mojado y un poco aturdido, sin saber muy bien qué hacer. Mi consejo: quédate en Las Galletas unas horas. No tiene mucho, pero lo poco que tiene es auténtico.
El paseo marítimo es estrecho y sin pretensiones. Hay tiendas de souvenirs cutres, bares con mesas de plástico y un par de heladerías que no están mal. Caminas y ves a los pescadores arreglando redes, fumando, hablando en voz alta. El puerto huele a mar de verdad, no a ambientador con aroma a brisa marina.
La playa de Las Galletas no es bonita. Es de arena negra volcánica mezclada con callaos. No es incómoda, pero tampoco es la postal que esperas. Está bien para un baño rápido después de la excursión, sobre todo para quitarte la sal del cuerpo. El agua es clara, tranquila, sin olas. Ideal para niños o para los que no quieren complicaciones.
Hay un mercado de pescado junto al puerto. Es pequeño, casi invisible. Abre cuando le da la gana, normalmente por la mañana. Puedes ver la pesca del día: meros, viejas, chernes. Los precios están escritos a mano en pizarras. Todo muy informal, muy local. Si buscas autenticidad, ahí la tienes. Aunque no esperes sonrisas. Los pescadores no están para turistas, están para vender pescado.
Las Galletas también es popular para el buceo. Hay varias escuelas de submarinismo que operan desde aquí. Si te quedas varios días en la zona, es una buena alternativa a las motos de agua. Más silenciosa, más introspectiva. La Montaña Amarilla, que ves desde la moto, es un punto excelente para hacer snorkel. El agua es poco profunda, hay peces de colores, y no necesitas equipo profesional.
Dónde comer en Las Galletas: Sabores del mar
Después de dos horas en el mar, el hambre aprieta. Hay varios restaurantes en el paseo marítimo, todos con vistas al puerto, todos con mesas al aire libre, todos prometiendo el pescado más fresco de la isla. La realidad es más modesta. Están bien, pero no esperes alta gastronomía.
El Colibrí es el más conocido. Está justo en el paseo, con sombrillas azules y una carta que parece escrita en 1995. Sirven pescado fresco del día, pero tienes que preguntar qué hay. La vieja a la plancha está decente. El cherne también. Los precios rondan los 15-20 euros por plato. No es barato, pero tampoco es un robo. El servicio es lento. Muy lento. Lleva paciencia o una cerveza para esperar.
Varadero Viejo está un poco más escondido, cerca del puerto deportivo. Es más pequeño, más familiar. La especialidad es el pulpo y las lapas. El pulpo estaba tierno, bien hecho. Las lapas, saladas como debe ser. Aquí comes por unos 12-15 euros sin vino. El ambiente es de barrio, con locales que van a comer los domingos. Eso siempre es buena señal.
Si buscas algo más económico, hay bares de tapas dispersos por las calles detrás del paseo. No tienen nombre en Google Maps, pero los reconoces por las pizarras con el menú del día a 8 euros. Bocadillos de calamares, papas arrugadas, croquetas. Comida de bar, sin florituras. A mí me gustó más que los restaurantes turísticos del paseo. Más honesto, más barato, menos postureo.
Para el postre, hay una heladería artesanal cerca de la rotonda principal. No recuerdo el nombre. Tiene un cartel verde. Los helados son buenos, cremosos, con sabores raros como gofio o plátano de Canarias. Un par de bolas cuestan 3 euros. Te sientas en un banco con vistas al mar y lo devoras mientras el sol se pone. No es un mal final para el día.
Cómo llegar a Las Galletas y moverte por la zona
Desde el aeropuerto de Tenerife Sur, Las Galletas está a unos 15 kilómetros. En coche son veinte minutos por la autopista TF-1. Tomas la salida 26 hacia Las Galletas y sigues las señales. Es fácil, casi imposible perderse. El problema es el aparcamiento. En el centro del pueblo, cerca del puerto, aparcar es un infierno. Las calles son estrechas, los coches están amontonados, y los locales te miran mal si ocupas "su" sitio.
Mejor aparcar en las calles aledañas, un poco más arriba del paseo marítimo. Hay zonas donde puedes dejar el coche sin problema. Son cinco minutos andando hasta el puerto. No es un drama. En verano y en horarios punta, incluso esas zonas se llenan. Llega con tiempo si tienes una excursión reservada.
Si no alquilas coche, puedes llegar en autobús. Las líneas de TITSA conectan el aeropuerto con Las Galletas, aunque suele haber transbordo. Es más lento, más incómodo, pero funciona. Un billete cuesta unos 3-4 euros. Los autobuses son puntuales, limpios, y están llenos de turistas y locales mezclados. Tarda casi el doble que en coche, pero si tienes presupuesto ajustado, es una opción.
El taxi desde el aeropuerto cuesta alrededor de 25-30 euros. Es la opción más cómoda si llegas con maletas o si no quieres complicarte la vida. El conductor te deja en la puerta del puerto y te ahorras el lío del aparcamiento. Si sois dos o más, dividir el precio del taxi no duele tanto.
Desde Los Cristianos o Las Américas, Las Galletas está a quince minutos en coche por la TF-1. También hay autobuses frecuentes. Es una excursión fácil si te alojas en esas zonas. Algunos operadores de motos de agua ofrecen transfer gratuito desde los hoteles de Los Cristianos, lo cual es un punto a favor. Pregunta al reservar.
Para moverte por Las Galletas, no necesitas coche. El pueblo es pequeño, se recorre a pie en media hora. Todo está cerca: el puerto, los restaurantes, la playa. Si quieres explorar los alrededores (El Médano, Costa del Silencio, la Montaña Roja), ahí sí necesitas ruedas. Alquilar un coche en Tenerife Sur es barato, desde 20 euros al día si reservas con antelación. Y te da libertad para moverte sin depender de horarios de autobús.